¿FUMAR O NO FUMAR?, AHÍ ESTA EL PROBLEMA

Un reportaje investigativo sobre el dañino hábito en Camagüey, Cuba
No fume, viva mas

Yadira Núñez Figueredo y Fidel Alejandro Manzanares Fernández (estudiantes de Periodismo, Universidad de Camgagüey)
Yoan caminaba sin prisa por una de las calles más céntricas de la ciudad. Constantemente hacía señas a otros transeúntes como si se tratase de un código internacional, mas solo veíamos la toma de su delgada silueta de espalda. Pronto decodificamos el mensaje emitido por este joven de apenas 18 años, quien realmente pretendía encenderse los motores con la “pólvora” acumulada en sus bolsillos.
No nos malinterpreten pues no se trata de un suicida terrorista ni mucho menos, es el caso de nuestro primer entrevistado quien, con timidez, confesó su adicción desde hace 2 años: “no es una gracia, me gusta. Fumo solo dos o tres diarios. Lo hago en las fiestas para sentirme mejor. Los jóvenes siempre pensamos en dejarlo pero cuando empezamos, ya después es difícil parar. Tengo amistades que fuman mucho, pero ellos no son los que me influyen con más fuerza, lo hago porque quiero”.
Yoan no es un caso particular. Desde el descubrimiento de nuestra isla por el genovés Cristóbal Colón, aquella rara costumbre de los aborígenes de llevarse a la boca un producto, desconocido hasta el momento para los nuevos visitantes, se convirtió en otro de los grandes hallazgos o ¿negocio? de los “civilizadores” del Viejo Continente. Desde finales del siglo XV la tradición caribeña comenzaría su peregrinar por todo el planeta. La planta de cojiba o cahoba no solo se comercializaría, sino que se convertiría en un símbolo de cubanía.
Al paso de los años el consumo del producto continúa en la agenda de los vicios inseparables de una generación tras otra. Y es que a pesar de las políticas preventivas, así como del crecimiento de los índices de mortalidad, debido a las enfermedades ocasionadas por el cigarro, prevalece aún en los jóvenes cubanos el hábito de fumar.
El hecho, o mejor, esta práctica, escapan del delito y de cualquier penalización en Cuba; sin embargo nuestro país adolece del sistema más rígido y a su vez “complaciente” para que la juventud comience a “quemarse” las vías respiratorias tempranamente. Nos referimos a esa restricción en los locales públicos, así como la señalización de lugares donde fumar no ocasione molestias a todo aquel que no desee hacerlo.
No pretendemos “ajusticiar” a los adolescentes fumadores ni nada por el estilo pues cada quien dispone de su salud como plazca; aunque sí resulta preocupante ver como hoy, fumar para la juventud, se traduce en: “lo último que trajo el barco”; y como permanece incógnito el antídoto para contrarrestar el problema.
Tóxica juventud
Si hay una etapa de la vida vulnerable al cambio, esa es la adolescencia: un proceso universal que varía entre individuos y culturas; y donde además, las transformaciones biológicas, psicológicas y sociales están a la orden del día. Por dicha razón es significativa la influencia de los amigos, la imitación espontánea, la búsqueda de placer y “seguridad”. Esto en muchas circunstancias justifica el desconocimiento de la nocividad del cigarro, así como los intentos de evasión, los cuales, afianzan la tendencia de los más jóvenes a desarrollar esta adicción.
Para la psicóloga Martha Elena Arista, el cigarro pertenece al grupo de las drogas lícitas o drogas porteras porque pueden conducir a las drogas ilícitas. “Es un flagelo que afecta a quienes no son capaces de decir que no ante las presiones del grupo, a los inseguros que no tienen confianza en sí mismos, a los que creen que evadiendo la realidad van a mejorar sus angustias o problemas. Al probar un cigarro por primera vez muchos sienten placer, pero en la medida en que se hacen dependientes tienen la necesidad de aumentar la dosis, de forma que ya no pueden vivir sin él.”
Un paseo por los carnavales, un bosquejo por las discotecas o caminatas por otros centros recreativos corroboran la tendencia de la juventud a permanecer en una especie de fogata humana donde la sustancia rectora es la nicotina. ¿Acaso será el humo la única señal recreativa de estos tiempos?
“Me acostumbré a fumar en todas las fiestas. No me hallo si no es con el cigarro, es el éxtasis del party (fiesta) junto a la bebida; siento que sin esta mezcla no me divierto”.El comentario de Yonny de 23 años nos acerca a ese sentir de sus contemporáneos, quienes otorgan al cigarro el título de “mejor compañía”.
¿Pero realmente quieren todos intoxicarse? ¿Acaso se respetan las señalizaciones de NO FUMAR en las áreas públicas?
Anabel, Yuneisi y Carlos de 17 años comparten similar insatisfacción cuando aquellos que se creen dueños del mundo y de la salud ajena fuman a su lado, a pesar de las prohibiciones en los diferentes espacios. En este sentido indica Yuneisi: “Cuando siento a alguien cerca de mí con esa peste lo espanto, porque no tolero que alguien me obligue a fumar y si tuviera una pareja adicta al cigarro simplemente lo dejo y ya”.
Para Carlos respetar el espacio ajeno es una prioridad:” ¿no entiendo que mis amistades piensen que todos deberíamos fumar porque es lo súpervolao?; no le veo la cara linda a eso, no me da nada, solo gastos”.
Lo cierto es que ellos forman parte del colectivo de los no practicantes, quienes se ven obligados, en múltiples ocasiones, a soportar una nubosidad indeseable; y que se convierte realmente insoportable cuando nadie respeta las señales de prohibición.
Según Anabel las discotecas son un tormento para los que no fuman. “Ya estoy acostumbrada al humo cada vez que salgo. Realmente la gente ni se fija en los carteles que indican que no se puede fumar y hace lo que le da la gana, es como si no estuviesen”.
Tanto en las discotecas, como hospitales o cualquier otro recinto de gran congruencia o tránsito, las señalizaciones de PROHIBIDO FUMAR abundan, pero a muchos receptores llegan a parecerles meros pósteres figurativos carentes de significado.
¿Y cómo lograr entonces fomentar la cultura para respetar estas áreas? ¿Por qué no se multa a todos los infractores? ¿Dónde están los inspectores encargados del orden? Sin dudas, cuando se aplique una política estricta al respecto entonces sí que se va encender la “candela” y no precisamente para fumar. Además serviría no solo para educar, sino para implementar una estrategia de educación y ejemplo para los menores.
“A mí realmente jamás me han llamado la atención por fumar en policlínicos, ni en el estadio y para serle sincero si he visto la señalización, y no he hecho caso, pero cuando me percato que molesto mucho no lo hago o me voy para otro sitio cualquiera”. Así nos describió sus experiencias Daniel de 19 años cuando nos habló del asunto.
Los spots televisivos, así como toda la información, en aras de contrarrestar el tabaquismo, tanto de los medios de comunicación como de las instituciones encargadas de combatir este hábito, resultan aún insuficientes si se pretende extinguir el incendio que azota a miles de jóvenes en la isla. Las estrategias del Ministerio de Salud Pública necesitan igualmente del apoyo y colaboración de todo aquel implicado en la protección del pueblo.
Pulmones en SOS
La Organización Mundial de la Salud (OMS) atribuye al tabaco unos 4 millones de defunciones anuales, cifra que, según las previsiones, habrán aumentado a 10 millones anuales para el 2030. En Camagüey, un estudio reciente del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología (CPHEM), evidencian que entre el 2009 y el 2010 se registraron un total de 5083 víctimas a causa de las enfermedades del corazón, cerebrovasculares, cáncer de tráqueas, bronquios y pulmón.
Y es que esta droga actúa como una especie de asesino con cara de ángel. Se trata del proveedor por excelencia del cáncer de pulmón, laringe, lengua, labios, esófago y estómago que ponen en peligro la vida.
“El humo del cigarro contiene más de 4000 sustancias tóxicas que influyen negativamente sobre la salud, y mientras se comienza en edades tempranas los efectos patológicos se verán más rápido. Esto provoca alteraciones en el sistema digestivo superior, el sistema cardiovascular, el arterial, el genitourinario, las vías aéreas incluyendo tráqueas, bronquios y pulmones.” Así señala el neurocirujano Rigoberto Peñones los distintos efectos del mencionado vicio. A su vez, considera que: “el tabaquismo está dentro de los principales factores de riesgo asociados a la hipertensión arterial y la obesidad, que afectan a cada uno de los sistemas. Estos efectos aparecen a partir de los 40 y 60 años, edades de mucha actividad social.”
En nuestro país se lleva a cabo una política para contrarrestar este flagelo. Así lo afirma Patricia Varona presidenta de la Asociación Cubana de Lucha contra el Tabaquismo. La representante apunta que actualmente la presencia de fumadores mayores de 15 años es de 23.7 %, mientras que en 1995 era de 36.5%.
Por otro lado, un estudio realizado en el 2009 por el CPHEM, en cinco consultorios de distintas áreas de salud, con jóvenes de 15 hasta 19 años, demostró que de un total de 31 féminas de 15 años, un 50 por ciento fumaba, mientras el análisis con 25 varones de 17 años reflejó un 25 %.
¿Salud vs Dinero?
Cuba se encuentra dentro de los territorios productores de la hoja aromática. En estos sitios la situación del tabaquismo se torna compleja por un problema cultural y de aceptación social; a ello le debemos agregar que este renglón representa una importante fuente de empleo y sustento económico para el país. La Oficina de estadísticas del Sectorial Provincial de Comercio Interior, por solo citar un ejemplo, señala que desde el 2010 hasta mayo de 2011 se ingresaron 336.4 millones de pesos en moneda nacional por la venta del producto.
Resulta paradójico, entonces, cultivar las vegas y, a la vez, promover la salud al respecto; pues el hábito de fumar forma parte de la cotidianidad y la idiosincrasia del cubano. Por esta razón, las medidas de prevención definidas en las políticas públicas se convierten definitivamente en un dilema para la población en general.
Oficialmente, en la Isla se ha controlado el tabaquismo desde 1960. El Ministerio de Salud Pública (MINSAP) inició en la segunda mitad de la década del 80 una campaña para desestimular el vicio. La misma estuvo protagonizada por el Instituto Nacional de Orientación de la Demanda Interna (ICIODI), órgano que se apoyó en el trabajo educativo y en la promoción del incremento de los precios del cigarro.
Medidas como la prohibición de la publicidad, así como promover la información sobre la nocividad de su consumo, resultaron de prioridad para el gobierno cubano hasta que finalmente se lanzó la campaña preventiva en 1985 que devino luego Programa Nacional.
Humareda de un vicio
Pero, ¿cuán efectivas han sido todo este tipo de medidas, más aún cuando las resoluciones ministeriales no permiten la venta de cigarros a menores de 18 años?
Para Raúl de 22 años las advertencias indicadas en el reverso del Hollywood verde no le surten efecto hacia su conciencia: “mira ya sé que el cigarro me hace daño, pero me siento mejor así, es una droga que me relaja”.
Dayron y Norlan de 17 y 30 años respectivamente, se alistan con su bici taxis para emprender una larga jornada. El calor es terrible y, aunque conocen los nocivos efectos del cigarro, someten su organismo a tal esclavitud. “Sabemos que hace daño, no es un cuento. Para nuestra pincha de bicitaxeros es fatal. Yo incluso -comenta Norlan- fumo desde el 99 cuando estaba en el Servicio Militar, la influencia, claro. Y mira como tengo ya los dientes. Llegué a las cinco cajetillas diarias ¡una barbaridad”!
Por su parte, Dayron comentaba de su imposibilidad de frenar el vicio a pesar de los recalcados males: “no sé cuándo lo pueda dejar, me gusta, pero fumar me acaba con los nervios, me altera más”.
Los grupos de adolescentes son propensos a consumir sustancias tóxicas, a veces por curiosidad, por no perder el reconocimiento y aprobación del grupo; otras por destacarse y llamar la atención de los demás, o por evadir conflictos con los amigos, padres, maestros y ocultar sentimientos de depresión y soledad. Es decir, constituye la etapa de la vida del ser humano más susceptible para desarrollar una drogadicción. Cualquier anuncio propuesto en los embases de cigarrillos se hacen “inofensivos” ante la agresividad de la costumbre o del hecho de presumir de estar en la cima de la “modernidad”.
Un reflejo de lo anterior es Néstor Estevez, de 15 años, quien dice: “yo fumo en la farándula pero no me considero fumador, lo hago para estar a la honda. Mis padres me preguntan, pero yo lo niego.” Dayron, por su parte, nos asegura que lo hace desde los 11 años para imitar a la gente. “Mis padres no fuman, pero mis tíos sí. A diario me fumo una caja. Solo he podido dejar de fumar una semana, ahora no pienso dejarlo.”
La cuestión es que para mantener un vicio resulta imprescindible tener un respaldo económico. Los propios padres se convierten, en muchas ocasiones, en esa fuente de riqueza monetaria, sin conocer realmente el resultado de la inversión.
También están los muchachos que venden sus objetos personales para ganar unos “pesitos” e invertirlos en la “causa”. Otra de las fuentes de ingreso son las propias amistades, materialización de un intercambio tóxico, no siempre aprobado por todos los grupos. Y es que los principiantes fumadores no solo se envuelven en su propio humo, sino que atrapan en él al resto de las personas.
Las féminas, no están exentas de la amplia lista de adictos. En ella se incluyen Maritza y Sandra de apenas 15 años. Ambas confiesan que comenzaron a fumar desde edades más tempranas, atraídas, fundamentalmente, por el círculo vicioso de su familia. Y no es para menos, pues las muchachas, según apunta la psicóloga Martha Elena, tienden a mostrar una autoestima muy variable con respecto a la del sexo masculino. Prueba de ello lo constituye el embarazo, un período donde ocurren diversos cambios emocionales y las jóvenes, refugiadas en esta adicción, no solo ponen en riesgo su vida, sino la del bebé.
La vida nos pone por delante pruebas muy difíciles que solo pocos pasan porque simplemente se aman más a sí mismos que a cualquier vicio. Tal y como decía el reconocido escritor francés Jean de La Fontaine: “Cada cual tiene su vicio propio, en el que continuamente recae.” Sin embargo, “lo más importante -sugiere el angiólogo Raúl Enrique Romay- es que los jóvenes no se vuelvan adictos al cigarro, que aprovechen otras motivaciones pues en edades tempranas todavía no son adictos completamente a este tipo de droga. Es necesario apartarse de él antes de que dañe las arterias y cause estragos en el organismo.”
Cambiar el comportamiento de las personas resulta una tarea compleja y de entera disposición, tanto del afectado como de los grupos sociales que le rodean. No basta con un discurso moralizante de los miembros de la familia cuando no se es capaz de dar el ejemplo o, al menos, averiguar a tiempo por qué senderos anda el “niño” que, para bien o para mal, ya dejó de serlo. Cada quien debe tomar partido en esta misión “imposible”, no nos parece, pero sí urgente si de vida o muerte se trata.
Hoy parece inevitable apartar el humo de la juventud. Las circunstancias así lo indican, pues la humanidad experimenta un mal que por suerte o por desgracia llegó para quedarse. Pero, ¿quién no aspiró a ser un adolescente popular y moderno sin importarle los regaños de papá o los prejuicios sociales? Sucede que para ser este modelo de joven no se necesita llevar un cigarro en el bolsillo, sino la salud que pesa menos y vale más.

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